martes, 4 de diciembre de 2018

La encina seca: Reflexión sobre Corella y su patrimonio


Corella necesita proteger su patrimonio tan rápido como pueda.


En 1735 el rey Carlos III (1716-1788) llegó a Pompeya y Herculano poco después de estar en Araciel estudiando el lugar y levantó la actual Virgen de Araceli de Corella. En la Bibliotheca Hispana describe que hubo una gran basílica entre Corella y Alfaro (inter Coreliam & Farum) con un cellario que el rey dijo verlo dedicado a Santa María, fue una construcción junto a una de las calzadas de los mapas de itinerarios que manejaba. Llegó a Corella años después de que su madre Isabel de Farnesio (1692-1766) y su padre Felipe V (1683-1746) estuvieran en 1719. También era una ciudad a la que su padre había trasladado la corte en 1711 así que Carlos III debía tener alguna predilección por trabajar sobre Araciel, desmochó el lugar y trasladó sus piedras a la otra orilla, al lugar actual de Araceli. 

Eso ocurrió a la vez que Corella levantaba el barroco de su ciudad, sus grandes casas y palacios se construyeron en esa época, desde la casa más modesta sobre las viejas bodegas visigóticas de la calle Castillo hasta las casas de los García-Arista o los Peralta. En aquella época la iglesia de la Merced protegía el flanco oeste del cercado barroco, al sur estaba el muro que todavía vemos bajo la fachada de la casa de los Alonso de la plaza Baja, al norte el cortado de San Juan hacía las veces de límite natural, y al este la parroquia de Araceli. La parcela del barroco no era muy diferente a la anterior porque el muro de la plaza Baja siempre estuvo ahí como guía, debió ampliarse el urbanismo desde ese punto y tras los siglos barrocos se levantaron los edificios de la Conejera sobre las terrazas y grutas que quedarían de la antigüedad –que serían muy parecidas a las de su vecina Contrebia Leucade o Valtierra –. La Conejera y la calle Castillo guardan en un punto medio el Castillo de Corella que nombraban en los Desagravios del Propugnáculo de Tudela, y en concreto la plaza del castillo está repleta de bodegas que comunicaban unas con otras. El muro debía ser una muralla que empezaba al este en las calles Fortaleza, Muro Bajo y Muro Alto y terminaría en poniente alrededor de la calle de la Puerta del Sol, junto a la calle Caballeros. Esta distancia de muro sumada a la otra distancia de la calle Mayor nos deja ver el ancho de la ciudad visigótica y musulmana, orientada para dar sombra en mediodía.

Tanto Araciel como Corella fueron protagonistas de decenas de acontecimientos y no parecemos ser conscientes de su relevancia. Corella fue el lugar donde firmaron la paz los agramonteses y beaumonteses en la guerra civil de Navarra, en la casa de los Beaumont, y Araciel fue un templo dedicado a una diosa que trajo grandes batallas a los alrededores desde la época romana. Carlos III dice que era el lugar de las contiendas de los aracelitanos de Plinio del siglo I dC, e Hidacio dijo que en el siglo V dC hubo otra contra unos aracellitani, esto es cien años antes de la llegada musulmana. A su llegada vieron que había un templo dedicado a una de las deidades de su religiosidad, Alilat, una de las diosas anteriores a la palabra del profeta Mahoma personificada como una piedra igual que en la Meca. Roma la llamó Cibeles y antes de la llegada de la civilización se denominaba An o Ana, la diosa del agua y la circulación. Fueron diosas representadas por árboles y triángulos como los de Araciel, que en su día eran tres encinas de Monumento Natural protegido desde 1991 pero que solo quedan dos desde 2016.

Ambas orillas de Corella y Araciel tienen en común el Alhama, si, pero también las laderas de la rotonda de los Cuatros Caminos. Ese fue el tercer lugar de estas dos poblaciones arcaicas de Corella y Araciel. Un cruce de cuatro caminos en el que dos de sus salidas eran las que conectaban el Ebro y el Duero en su trazado más corto de la península. El cruce guarda una necrópolis con más de un par de cientos de restos, unos baños en el actual mausoleo abandonado y muchas huellas de los siglos de campos de urnas, que son más de 750 años antes de nuestro año 0. Una necrópolis en un paraje ecológico además, rodeada por el manantial de Valbiné y otro de Santa Ana, con las aguas del Alhama debajo.

Es una sentencia de muerte que un equipo de gobierno del Ayuntamiento no combata la dinámica de desgaste del patrimonio que hemos heredado. En la actualidad se plantea un polígono industrial en el entorno de la calzada romana, de la necrópolis, con un hilo de pruebas ferroviarias de alta velocidad con una energía que proporcionarán las plantas eléctricas de Castejón, que también están sobre suelo arqueológico. No ha sido suficiente que se certifique la dejadez de un Monumento Natural o de unas casas, palacios y bodegas, ahora se plantea seguir otra legislatura más y promueven un polígono industrial en la necrópolis y sobre una ecología a proteger. Por otro lado la derecha de UPN desea un aparcamiento en el casco histórico de Corella para un medio de transporte en plena crisis y caduco, y en una población llana con unas distancias más que accesibles a pie.

Hay alternativas a este tipo de políticas municipales que reivindican proyectos que capaciten a la ciudad para un futuro que está aquí, crítico con la energía fósil y asomando un inminente colapso. No está de más traerlo cuando una de las tangentes de ese debate apunta a una organización diferente de vida social que, aunque sea difícil de encontrar en otras poblaciones, en Corella ya le acabamos de sacar una perfectamente asequible en Cuatro Caminos. Es factible una recuperación del suelo histórico y que eso aporte trabajo mejor y para más tiempo en bastantes más gremios que solo el de la industrialización. Plantear soluciones conformistas en Cuatro Caminos parece igual de contraproducente que promover un parking en un suelo histórico que está lleno de grutas y acuíferos. Los gremios locales de construcción, metal, agua o biologías varias pueden tener proyección en Corella mucho más que un industrialismo que sabemos que termina.

Parece no haber un proyecto claro en el actual equipo de gobierno pese a haber tenido aprobado un Plan especial que poder seguir. En lugar de eso discurren ideas sabiendo que se guardan informes arqueológicos de la Torrecilla, de las necrópolis, del mausoleo de la Torrecilla, o de las bodegas que se caen en el entorno del Muro. Porque el Ayuntamiento no solo conoce que se ha caído la casa de los Arista o los Peralta, también tiene informes de la necrópolis de Cuatro Caminos y de las catas arqueológicas de Araciel, y conoce las bodegas del castillo que se han derrumbado porque ha pasado por ahí su inspección, al llamarle, y seguro que habrá hecho de ello una estadística para su estudio futuro.

Gastamos dinero de la comunidad, en parques, calles y jardines sin cuidar lo que queremos adornar, que son sus casas y palacios. Se disolvieron las visitas guiadas por la historia de la ciudad y se creó una asociación sin ánimo de lucro para ahorrarse apenas unos cientos de euros, se pavimenta cada calle de forma diferente a la contigua y con mobiliarios del siglo XXI en un casco barroco, y celebramos una fiesta barroca en un entorno de edificios que van cayendo. Cambiar el cuidado que hacemos de la identidad de Corella también requiere un equipo de gobierno que promueva nuevas dinámicas, antes de que llegue el colapso. Para estas semanas previas a las próximas elecciones municipales, es de recibo que planteemos el diálogo de ideas, al menos, desde el respeto a nuestro patrimonio histórico y natural.


Eneko Abal

Miembro de la Asamblea Municipal de Izquierdas – Corella Decide Erabaki

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